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13 de Diciembre del 2017

¿Afectan o no afectan la salud las antenas para teléfonos celulares?

Para resolver los mitos que se tejen alrededor de este debate, la Asociación Colombiana de Operadores de Telefonía Móvil, Asomóvil,  invitó  al italiano Paolo Vecchia, doctorado en Física de la Universidad de Roma, para participar en un foro al respecto organizado por el Ministerio de Comunicaciones y la Agencia Nacional del Espectro, ANE,  en Bogotá.

Vecchia ha sido presidente de la Comisión Internacional para la Protección contra la Radiación no  Ionizante (ICNIRP) y miembro del Comité Consultivo Internacional del proyecto  internacional de campos magnéticos (EMF) de la Organización Mundial de la Salud, OMS, entre otras dignidades.

El País llamó a esta autoridad en la materia y le trasladó  las inquietudes de los habitantes de Cali sobre los riesgos de vivir cerca de una antena de este tipo, dado que la administración municipal debe resolver este mes la distancia para su instalación.

¿Afectan o no la salud humana las antenas electromagnéticas?

No tenemos ninguna evidencia de riesgo en la salud causada por las antenas para teléfonos móviles. Tenemos muchos motivos para pensar  que esas instalaciones no  afectan de ninguna manera la salud:   más de 2000 estudios sobre los efectos de los campos de telefonía móviles.

Lo que la gente no sabe es que las emisiones que recibimos de parte del celular son 100.000 veces  más altas que las de la exposición a  las antenas. Todos los estudios tratan de las emisiones de los teléfonos móviles, porque sí existiría un riesgo claro de que podría afectar cuando  la exposición es más alta.

Por fortuna, no tenemos evidencia convincente y coherente, dice la OMS, de que estos celulares pongan en riesgo la salud.

 Pero  si no hacen los estudios, pues entonces no va a haber evidencia…

La ciencia no puede probar la ausencia de un efecto en la salud, como tampoco la ausencia de algo. Solo que a pesar de los estudios, no tenemos evidencia o tenemos  evidencia muy pequeña, aislada y  no coherente, de efectos en la salud. Afortunadamente esa es la realidad.

 ¿Es el único argumento?

Un motivo más para creerlo es que lo que recibimos de las antenas de telefonía móvil es  menos de lo que en más de cien años hemos recibido de las antenas de radio y  televisión. Vivimos con estos aparatos hace más de un siglo, sin evidencia de un aumento de enfermedades. Entonces  no hay motivo para pensar   que las antenas podrían crear riesgos de salud.

Pero la Sociedad Española para la Protección Radiológica, SEPR,  dice que las emisiones utilizadas para la telefonía móvil sí pueden afectar  el hemisferio cerebral del lado del que se usa el celular: que modifica el flujo sanguíneo, la intensidad de las ondas electroencefalográficas o desarrollar tumores en el cerebro…

No, no, no se pueden mezclar los efectos biológicos con los efectos en la salud, que son  los que preocupan y han sido más estudiados los de  cáncer de cerebro, una enfermedad real. Claro que la cercanía del celular con la cabeza  puede afectar el cerebro porque las ondas penetran en una medida pequeña, pero penetran.

Entonces, no sorprende ver en el encefalograma una  pequeña variación, pero son las que aparecen en otras situaciones. La pregunta es si ese efecto, que solo es una respuesta a la estimulación de las ondas, sea un peligro para la salud o no, y los médicos dicen que no lo son.

Se ha observado la alteración del sueño, la dificultad para conciliarlo, por el uso intensivo del celular, pero no implica un riesgo en la salud. Se sigue investigando, hay dudas si se debe a las emisiones del teléfono o a muchas  horas de conversación.

En Cali hay   casos de personas  que viven cerca de una antena y sufren  dolores de cabeza, mareos e incidencia de cáncer.  ¿Es un fenómeno sicológico o inventado?

Es un problema conocido, no solo en  Cali y en Colombia, sino en todo el mundo. Esas personas que presentan malestares, falta de apetito, desgano sexual y otros síntomas, se ubican como hipersensibles a los campos electromagnéticos o con  una sensibilidad específica. Han sido estudiadas, poniendo al frente (de su casa) una antena que podía ser encendida o apagada, sin  avisarles. Más de 40 o 50 estudios son  coherentes, revelan que esas personas dicen que  se sienten mal cuando piensan que la antena está encendida y no tienen ningún malestar cuando piensan que está apagada. Es realmente un efecto de percepción y sugestión. Eso se ha comprobado de  manera  clara.

El POT de Cali exige instalar torres a 250 metros de distancia de  zonas residenciales, pero no establece límites para las antenas…

Es un orgullo de Colombia que ha  adoptado las recomendaciones de una comisión internacional y de la OMS, normas que son muy protectoras y prudentes que regulan las torres de radio, TV y  celulares. Cómo cumplirlas es un tema técnico y político, relacionado con la calidad del servicio, con efectos visuales (paisajísticos) y percepción del riesgo.

Como  físico puedo decir que el alejamiento de las antenas en sí mismo no implica  necesariamente una reducción de las exposiciones, porque para comunicar con los móviles, la antena tiene que emitir más  ondas y el teléfono tiene que aumentar  su potencia. Es una medida aparentemente sencilla y lógica, pero podría tener el efecto contrario. Una distancia menor es suficiente para cumplir con las normas y también para eliminar la  preocupación del público.

En Colombia no hay límites para instalar una antena. ¿Qué distancia recomienda  de los habitantes? ¿250 metros es poco o muy lejana?

Si habla de reducción de riesgos de la salud,  podría estar bien. Según  las características físicas y técnicas de la antena, a 200 metros de cualquier vivienda me parece imposible por la calidad del servicio, es demasiado lejos, probablemente aumenta la exposición del público, mas que reducirla y no da protección a la salud.

En Cali hay tutelitis para hacer retirar antenas, y aunque que no hay legislación al respecto, los jueces fallan a favor del tutelante argumentando el principio de precaución (en salud). ¿Qué opina?

No es simplemente alejar las antenas.  Ese no es el caso. Las soluciones con principio y sin principio de precaución tienen sentido sí realmente puede reducir la exposición de la gente. Alejar las antenas de las viviendas no disminuye, sino que aumenta la exposición a las ondas de las antenas o  de los móviles, los que están más cerca del usuario. Es una medida previsiva que tiene un efecto contrario al usuario, no tiene sentido.

¿Cómo es la regulación en países desarrollados al respecto?

La instalación de las antenas  se ha solucionado  no con normas estableciendo distancias límite, porque nunca funcionó. En algunos se retoman solo  para lugares sensibles  como hospitales, escuelas, pero no siempre.

La solución es desarrollar en municipalidades y regiones, un plan de instalaciones con la participación de autoridades,  operadores,  técnicos y   representantes de los ciudadanos. Es buscar un acuerdo basado en el conocimiento y la comunicación, con datos técnicos, físicos y estudios.

¿Pero no hay una medida que nos pueda servir de referencia?

Eso depende del entorno donde se va a instalar. No es igual una ciudad como Bogotá o Cali, a un pueblo. Cada antena puede servir para un número limitado de usuarios. Una distancia de 100 metros podría tener sentido en un pueblo  pequeño, de  viviendas aisladas, pero  no en Cali o en Bogotá, donde veo edificios enormes, puedo imaginar la cantidad de usuarios: allí requiere antenas enormes y muy cerca una a la otra.

Deben tener en cuenta diferentes factores, y el riesgo de la salud, no es el más  importante porque no hay  evidencia, pero sí hay que tener en cuenta la preocupación del público. La OMS llama en su manual a establecer un diálogo entre las partes sobre los riesgos de los campos electromagnéticos. Es lo que se necesita.

¿La OMS no recomienda instalarlas lejos de zonas densamente habitadas? ¿Debe haber restricción?

No, no, no, absolutamente. La técnica y las características técnicas de las antenas hace que sea más grave tener menos donde están los usuarios de mayor tráfico, incluidas las zonas residenciales. Lo que importa es que la unidad de campo electromagnético donde la gente tiene y quiere comunicarse con celular, sea lo suficiente para tener un buen servicio. Si se instalan en las zonas más pobladas, permite reducir su emisión.

Cali tiene un mes para definir este límite, ¿qué recomendaría usted?

Si hablamos de riesgos de la salud, las antenas pueden ser colocadas en cualquier lugar y  número. Porque más antenas significa menos exposición como nivel promedio. No conozco la realidad de Cali, depende de aspectos que no puedo evaluar. Distancias específicas no existen y donde existían, como Francia, se abandonó porque no es la solución. No hay números mágicos que permiten la instalación que puedan prevenir el riesgo. Se trata es de desarrollar una estrategia o política de instalación,  mas que normas de distancias límite.

En conclusión, se recibe más emisión del celular que de la antena…

Sí, para evitar miedos, las emisiones de los celulares son bajas, tener  una batería tan pequeña significa que no pueden emitir muchísima energía. Y las ondas de las antenas son mucho más bajas que las de las móviles. Si queremos preocuparnos por los  celulares y no tenemos motivos serios para ello, el principio precautorio de la OMS se traduce en el uso, lo que sugiere es limitar el uso del celular y utilizar el manos libres.

La SEPR dice que puede afectar el nervio acústico, la glándula salivar  y hasta causar tumores…

Esas han sido las sospechas, se investigaron no porque hayan tenido bases biológicas, solo porque se utiliza cerca a la cabeza, no más. Ha sido una preocupación de  los científicos mucho antes de las del público y afortunadamente los estudios no han indicado riesgos por la salud.

Se cree que altera el metabolismo de la glucosa, la parte cognitiva del cerebro del lado que se usa…

No, no. Hay estudios que sugieren muchos de esos efectos que usted menciona, pero ninguno puede probar algo. Otros sugieren un aumento del cáncer, pero la ciencia no funciona así, lo que importa no es un estudio individual sino la evaluación global de estudios sobre efectos cognitivos o malestares, y sí hay unos estudios que indican esa posibilidad, pero no es el resultado global.

El calentamiento del tejido no es comprobado, pero tampoco descartado…

El calentamiento es un efecto físico, no biológico y se puede medir. Ha sido la primera preocupación de los científicos cuando se empezaron a usar no solo los celulares sino otros dispositivos 70 años atrás. Las ondas electromagnéticas calientan los tejidos, es el principio base de los hornos microondas, pero las  mediciones indican que el calentamiento del exterior de la oreja con el móvil sería de 0, 01 o 0, 02°C, pero la temperatura no aumenta por efecto del teléfono, solo por la falta de aire entre este y la oreja. Igual pasa con el fijo.

Pero la OMS en 2011 dijo que los campos electromagnéticos de los móviles, quizás eran cancerígenos y que había que tener cuidado…

Cuando se publicó esta evaluación, el jefe internacional de la investigación en Francia aseguró que esto no pasa con las antenas. No se puede excluir totalmente esa posibilidad en un lapso más amplio, pero tenemos 20 años de uso intensivo de celular, no se podrían desarrollar (aún).

La mayoría de los estudios dice que no implica un riesgo, otros de un grupo de investigación en Suecia dice que no se puede excluir con certidumbre que los campos electromagnéticos no sean cancerígenos.

El café también está clasificado allí y la gente sigue tomando café colombiano (risas) sin efectos dramáticos. Hay otras cosas que sí son cancerígenas como el alcohol, por ejemplo.

Fuente: El País